martes, 24 de febrero de 2015

Alcaldes por vocación

Existen y están presentes en la sociedad actual. El Liberalismo Capitalista y la oligarquía inorgánica han intentado quitarlos de en medio, pero en lugares donde los presupuestos no sacian el ansia de poder individual, no se ven a estas máquinas de robo profesional. 

Ni los alcaldes de Barcelona o Madrid se han interesado por pueblos de menos de doscientos habitantes, donde personas con familias y trabajos particulares acceden a ser alcaldes, tte. De alcalde y concejales de pueblos que consiguen crecer gracias a la buena voluntad de un conjunto de vecinos que se preocupan por sus conciudadanos.

No se tiene que gastar dinero en inútil propaganda (panfletos, carteles, calendarios, programas, boletines) Nada de eso. No hay discursos llenos de falsas promesas, créditos con bancos ni deseos añorados por el pueblo. 

Son localidades o municipios donde el vecino de puerta es el alcalde y el hostelero de la zona el que baja a la capital en su propio coche para reclamar subvenciones. Trabajar por la comunidad y que las buenas acciones sean el apremio para seguir adelante en este objetivo social y beneficioso para la sociedad. 

Lo que la democracia orgánica propondrá en una Carta Magna será que la política base no sea pretexto para jubilarse con antelación a costa de los vecinos de un municipio pequeño, mediano o grande, sus impuestos y sus derechos. 

Donde el único sueldo es el éxito de sus proyectos y, si cabe, tener una calle en el pueblo por cuyo desarrollo lucharon un día. ¿Se imaginan una ciudad con un alcalde por vocación? ¡Sí!, un humilde trabajador que solo quiere hacer el bien y no se preocupa por su EGO personal.

Un pueblo o ciudad, donde la razón sea la tinta, el buen hacer el papel y el alcalde, el sello y firma que certifique el bienestar de la comunidad. 

Es increíble poder ver y conocer personalmente personas que realicen tan loable labor. Muchas veces consiste en buscarse problemas gratis e importantes. 

También inconvenientes como tiene el ser una persona pública o las obligaciones de dar lo mejor a tu pueblo, el que te ha elegido y el que no te paga por ello. Lo haces por gusto, pero ni con esas se te pasará la más mínima. 

Por eso, en este artículo queremos dar a conocer a esos alcaldes de vocación, los que realmente deben regir la forma más básica de la política. Donde el mero hecho de ocupar un cargo público no implique recibir astronómicos sueldos.

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